La idea de negocio y su forma jurídica

Cómo montar un negocio

Hoy, en el blog de Iberfinancia Consultores, inauguramos una nueva sección. Nuestros asesores financieros han preparado, especialmente para vosotros, una recopilación de post bajo el título “Cómo montar un negocio”. Semana tras semana recibiréis sus consejos, que irán desde cómo elegir el tipo de negocio hasta el modo de conseguir financiación para él, pasando por dudas frecuentes como cuáles son las inversiones clave para echar a andar o cómo examinar a la competencia.

Y como no podía ser de otra forma, comenzaremos por la primera gran duda que se nos presenta a la hora de embarcarnos en el apasionante proyecto de emprender un negocio: ¿por qué tipo de negocio me decido? ¿Y cuál es la forma jurídica adecuada para mí?

Cómo montar un negocio

Muchos son los motivos que nos llevan a tomar la decisión de emprender. Puede que estemos aburridos de trabajar para otros, puede que queramos ser nuestro propio jefe o que nos veamos obligados a “hacer algo” para ganarle la batalla al desempleo y no nos quede más remedio que probar suerte como empresarios.

Lo cierto es que, independientemente de los motivos que tengamos, existen una serie de cuestiones que todo emprendedor debe tener en cuenta a la hora de seleccionar el tipo de negocio que va a poner en marcha.

– Gusto por la actividad. Para que nuestro negocio tenga ciertas garantías de supervivencia, debe ser  un  negocio que nos apasione. Difícilmente podremos conducir una empresa que se dedica a algo que no nos gusta. El camino del emprendedor está lleno de peligros, frustraciones y horas de sacrificio, por ello, es aconsejable que al menos estemos trabajando en pos de algo que nos apasione.

Haz lo siguiente:

1 – Escribe una lista con todas las cosas y actividades que te gustan o te interesan, por ejemplo:

Gastronomía, lectura, senderismo, niños, mascotas, finanzas…

2 – Realiza un análisis sobre cada una de las cosas de tu lista. Hazte preguntas como: ¿He trabajado alguna vez en algo relacionado con niños? ¿Tengo formación específica en finanzas? ¿Se necesita más financiación para un restaurante o para una guardería? ¿Qué clase de obligaciones legales/permisos tiene que cumplir una empresa de excursiones por la montaña?

3 – Tus competencias personales: Experiencia laboral en el sector, formación académica, interés en la materia, etc.  También es importante evaluar tus posibilidades financieras. Estas irán dirigiéndote poco a poco hacia el negocio adecuado a medida que te vayas haciendo preguntas.

– Debes analizar cuidadosamente qué tipos de negocio encajan con tus intereses y ser realista. Es cierto que tanto un carrito de comida en la calle como un restaurante de lujo o una academia de enseñanza de cocina son negocios relacionados con la gastronomía, pero son negocios muy distintos, con necesidades de capital muy distintas también y una complejidad de gestión antagónica. Es muy posible ser feliz con un negocio y obtener buenos ingresos con una pequeña academia de cocina para 15 alumnos, no hay porque meterse en complejas y caras aventuras de alta restauración. De ambas maneras disfrutarás si tu pasión es cocinar, pero son dos negocios y dos ligas distintas.  En el mundo del emprendimiento hay oportunidades para todos, pero debemos saber ver la nuestra.

–  Atiende al mercado. No hay más ciego que el que no quiere ver. La ceguera empresarial puede hacerte perder hasta la camisa cuando no eres un emprendedor con una cuenta corriente generosa que te permita financiar con recursos propios tu aventura. Tu actividad empresarial debe ser demandada por el mercado. No debes montar una escuela de alta repostería francesa en un barrio pobre de una ciudad de 50.000 habitantes, del mismo modo que puede no ser buena idea montar un negocio de reparación de televisores en la calle más cara y exclusiva de tu ciudad.

Cada mercado es distinto y todos participamos en múltiples mercados. Detectar necesidades  no es tarea fácil pero es la mejor forma de asegurar en buena medida el éxito de tu actividad. Piensa en lo que necesita el mercado al que quieres dirigirte. Si quieres dedicarte a algo relacionado con niños, por ejemplo, hazte las siguientes preguntas: ¿Se necesita una guardería en este barrio? ¿Dónde viven las familias con niños pequeños? ¿Cuánto pueden pagar las familias de esta zona por un servicio de guardería? ¿Hay suficientes familias con hijos en la zona?

En definitiva, debes ofrecer un producto o servicio demandado. Atención: Decimos demandado, no revolucionario, ni innovador, ni un gran invento. Un negocio de toda la vida como “montar un bar” puede ser un buen negocio siempre y cuando exista demanda para él. En ese caso, igualmente, debes atender al mercado; ¿Qué es lo que hará a la gente ir a mi bar en vez de al bar del al lado? ¿Debe ser un bar orientado a las copas?¿Desayunos?¿Comidas para trabajadores de la zona? Y, así, un largo etcétera.

Elegir la forma jurídica

Tras haber dado los pasos anteriormente indicados, ya sabrás qué negocio quieres emprender, ahora te toca decidir la forma jurídica en la que vas a llevar a cabo tus actividades: autónomo o sociedad.

Cada opción tiene sus ventajas y desventajas. Cada caso particular nos dirá qué es lo más aconsejable.

Explotar un negocio como autónomo es más rápido y menos complejo a nivel de trámites administrativos. Basta con visitar la Seguridad Social y Hacienda para “darse de alta” en el régimen de autónomos.  Además, no es necesario afrontar gastos de notarios ni registros.

En este caso, debemos tener claro que no existe, “al menos jurídicamente”, una empresa, en el sentido de que no es posible separar el patrimonio (bienes, derechos, deudas) personal y empresarial. El patrimonio personal y empresarial conforman un todo, con algunas salvedades. Hay que tener presente este hecho, pues nos podemos encontrar con que hay que afrontar deudas con proveedores y para ello vernos obligados a liquidar nuestra vivienda personal.

Fiscalmente, los ingresos por la actividad económica de los autónomos se declaran en el IRPF a los tipos que correspondan para cada caso, según el nivel de ingresos. Existen regímenes simplificados para declarar los ingresos, como el régimen de “módulos” (estimación objetiva), que en muchos casos sale más barato que la estimación directa (normal o simplificada).

Una sociedad, ya sea limitada o anónima, tiene como ventaja la separación total y absoluta del patrimonio personal y el empresarial.

Ventaja que se ve un poco “descafeinada” cuando nos encontramos con que, por ejemplo, todos los bancos nos pedirán el aval personal de toda la financiación que pidamos para nuestra sociedad. No obstante, sigue siendo una ventaja muy importante ya que una sociedad no solo tiene obligaciones con bancos; organismos públicos, proveedores y otros acreedores no van a pedir que avalemos personalmente nuestras obligaciones con ellos, y estas obligaciones, pueden llegar a ser muy cuantiosas.

Constituir una sociedad es relativamente sencillo, pero tiene sus costes (notario, registros oficiales, etc.) y, generalmente, necesitaremos una gestoría que nos realice la contabilidad (obligatoria). Además, está el requisito del capital mínimo para constituir la sociedad. Que para el caso de una SL es de algo más de 3.000 euros. Puede ser capital en especie, como maquinaria, ordenadores, vehículos o cualquier material, pero es necesario tenerlo.

Esperamos que nuestro primer post de la serie “Cómo montar un negocio” os haya resultado útil. Podéis dejar vuestros comentarios al respecto o compartirlo en las redes sociales. ¡Gracias!

 

Autor: Rafael Velo 
@rafaelvelo 

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